Anatomía de una Caída: la complejidad de una verdad y el abismo de las relaciones

Mario Xavier

31 de enero de 2024

Anatomie d’une chute es una película francesa sobre un misterio tradicional que, conforme avanza, evoluciona hacia el análisis de una «caída» poco convencional: el declive de una relación pareja. No exageramos al calificarla como uno de los filmes más atrevidos del año (por eso es la apuesta de Francia en la temporada de premios 2024), que a veces parece demasiado frío y autoindulgente, pero que también se desarrolla en una serie de escenas que golpean emocionalmente a los espectadores. Es un drama legal y thriller psicológico tan apasionante que mantiene al público tratando de adivinar qué ocurrirá después, con una historia que explora las imperfecciones en una pareja de intelectuales de mediana edad.

La película, escrita y dirigida por la cineasta Justine Triet, debutó en el 76º Festival de Cannes, donde fue la ganadora de la Palma de Oro a Mejor Película. Su éxito no terminó ahí, pues posteriormente ganó dos Globos de Oro, al Mejor Guión Original y Mejor Película Extranjera; el Critics Choice Award a Mejor Película Extranjera, a más de ser una fuerte candidata en los Bafta y el Premio Óscar de la Academia, donde compite en las categorías de Mejor Película, Mejor Directora, Mejor Guion Original y además, con gran atención centrándose también en su protagonista Sandra Hüller, una experimentada actriz alemana, que ha recibido elogios por su actuación tanto en este filme como en la producción inglesa The Zone of Interest, y quien busca llevarse el Oscar a Mejor Actriz.

La historia se desarrolla en un chalet aislado cerca de Grenoble, en los Alpes franceses, donde Sandra Voyter (Hüller), una renombrada escritora alemana, vive con su marido Samuel Maleski (Samuel Theis) y su hijo adolescente Daniel (Milo Machado Graner), quien tiene discapacidad visual desde la infancia. Inicialmente vemos a una estudiante llamada Zoe (Camille Rutherford) entrevistando a Sandra sobre su obra literaria y los vínculos de esta con su vida; sin embargo, la entrevista se ve interrumpida por la música alta que Samuel escucha desde su ático. Después de que se cancela la entrevista, Daniel regresa de un corto paseo con su perro guía Snoop y encuentra a su padre muerto, debajo de la ventana del ático.

La trama se complica cuando la investigación llega a la conclusión de muerte «sospechosa», ya que es imposible saber con certeza si Samuel sufrió un accidente, se suicidó o fue asesinado. La policía encuentra detalles minuciosos, como marcas de sangre en el techo de un tejado, justo debajo de la ventana, lo que sugiere que Samuel podría haber sido golpeado antes de caer. Sandra acude a su amigo abogado Vincent Renzi (Swann Arlaud) y le comenta sobre un intento previo de Samuel de suicidarse con aspirinas seis meses antes, después de haber dejado de tomar antidepresivos; esto, combinado con la autopsia que revela que la herida en la cabeza ocurrió antes de que el cuerpo cayera, da lugar a una acusación en contra de ella.

La defensa de Sandra afirma que Samuel se cayó de la ventana del ático y se golpeó la cabeza contra un tejado, mientras que la teoría de la fiscalía es que Sandra lo golpeó antes con un objeto y lo empujó desde el balcón. Las contradicciones en la versión de Daniel sobre qué exactamente sucedió y dónde estaba él cuando sus padres conversaban antes de que saliera de la casa, acrecientan el misterio. Posteriormente, como evidencia, las cosas se complican cuando emerge una grabación de audio que Samuel hizo de una pelea entre él y Sandra el día antes de morir.

La fuerza de la película radica en su guion, coescrito por Triet y su esposo, el también director y actor francés Arthur Harari. Es tan complejo lo que vemos a través de testimonios y evidencia, que repetidamente nos desequilibramos como audiencia y no somos ajenos a tratar de resolver el caso mediante nuestros propios prejuicios y suposiciones. La película se rehúsa a responder a la cuestión de la culpa o la inocencia, sino que examina cómo las personas construyen sus propias narrativas, basadas en información sesgada y parcial.

Las escenas judiciales son sorpresivamente dinámicas y se dejan observar, con solo unos pocos momentos en los que el diálogo se extiende más de la cuenta. Es un paso adelante considerable para la carrera de Triet como directora, cuyos trabajos anteriores incluyen comedias románticas, pero con personajes protagónicos excéntricos e inestables.

La directora Triet sale de su zona de ‘confort’ con un drama mucho más discreto, inmensamente pesimista, pero de gran complejidad para los espectadores. Quizás, el defecto más grande del filme es que no hace uso de tradicionales giros o cambios dramáticos, optando por conservar una fría distancia, clásica de las producciones europeas. Esto podría resultar difícil de digerir, durante 2 horas y 30 minutos, para los espectadores que prefieran narrativas más directas.

Finalmente, cabe recalcar que el centro emotivo de la película se encuentra en una impresionante actuación de Sandra Hüller, de las mejores del año junto a Emma Stone por Pobres Criaturas y Lily Gladstone por Los Asesinos de la Luna. La convincente interpretación de Hüller como Sandra Voyter, una mujer que se encuentra en medio de una pesadilla cuando el tribunal la acusa del asesinato de su marido es de un dominio magnético de las tensiones, mientras persiste en el espectador la sospecha de su real culpabilidad.

Una de las escenas más impactantes es la discusión de Sandra en el tribunal con el psiquiatra de Samuel, quien insiste en que este no tenía ninguna intención de suicidarse. Sandra, fuera de todo guion legal, no puede evitar hablar de su resentimiento hacia Samuel, revelando los problemas más profundos de su relación. Por ello, la negativa de la dirección de Triet a responder a las dudas entre la culpa o la inocencia es comprensible, pues su claro propósito es el de la reflexión del espectador.

Anatomía de una Caída ofrece una inmersión profunda en las complejidades de las relaciones de pareja y las ambigüedades de la verdad. Permanece con todos gracias a la desesperación y la esperanza que la dirección de Justine Triet consigue transmitir, haciéndonos sentir el helado clima de los Alpes franceses tan de cerca, hasta convertirlo en calidez. Precisamente por ello, esta película se merece, con creces, todos los elogios que ha recibido.

¿Logró Anatomía de una Caída desafiar tu visión sobre la culpa, la inocencia y las ambigüedades de la verdad?

Mario Xavier

Editor y redactor en Colapso Views. Comunicador social con experiencia en medios impresos, agencias de publicidad digital, asesoría política y docencia universitaria.
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